Incertidumbre: El Falso Enemigo

¿No te molesta el no saber qué va a pasar? ¿Cuando las circunstancias parecen impedir que puedas tener cualquier tipo de plan? ¿Te suena? Si te fijas, COVID-19 le ha enseñado al mundo que el desarrollar las habilidades de agilidad y adaptabilidad es esencial para desarrollar una gestión emocional exitosa.

En un grupo local de padres de niños con autismo, mi esposa asistió a un taller de bienestar emocional impartido por una terapeuta profesional con años de experiencia en lidiar con discapacidades. La idea general era el estar atentos a nuestros sentimientos y en reconocer y gestionar nuestra felicidad. Durante la sesión, esta psicóloga preguntó a los padres que es lo que ellos sacaban o habían aprendido positivo de esta situación de COVID y cuarentena. Algunos mencionaron el tiempo extra con la familia o avanzar proyectos pendientes. La misma pregunta se hizo dirigida a lo negativo. Casi en común acuerdo, apuntaron que lo más difícil de la situación era lidiar con la incertidumbre.

¿Qué exactamente de la incertidumbre nos incomoda tanto? ¿Qué consideramos que es verdaderamente cierto? Sígueme mientras intento desvelar lo que he aprendido de la incertidumbre y lo que yace realmente en el trasfondo de este miedo.

Dicho esto, puedes confiar en mí cuando digo que los padres de niños con discapacidad son profesionales experimentados en tratar con la incertidumbre. Ya sé que tenemos nuestro grado de incertidumbre con la que lidiar, pero tal y como le dije a mi esposa hablando sobre este tema después del taller, la incertidumbre es “el agua donde yo nado”.

Así que, si la incertidumbre es la ausencia o falta de certidumbre, tiene sentido que entendamos qué es la certidumbre y si verdaderamente es algo en lo que me puedo apoyar. La RAE define certeza como “Conocimiento seguro y claro de algo” y “Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar”. ¿De qué tenemos realmente certeza? Digamos por ejemplo, que todos podemos estar de acuerdo en que el sol sale por el este y se pone por el oeste… espera, no, eso es tan sólo una convención que hemos creado para comunicar nuestra geolocalización basada en nuestro entendimiento de la tierra y nuestra posición relativa a ella; quiero decir, si nos ponemos precisos, estando en Júpiter, probablemente sea distinto. ¿Y dónde estoy ahora? Ya me entiendes, el lugar en el que estoy sentado ahora mismo, tengo certeza de que es donde estoy… espera, no, aparentemente, según la física cuántica sólo estoy donde estoy porque he decidido observarme ahí, pero podría estar en cualquier lugar del espacio o en todos a la vez.

Vale, entiendo que esto no es realmente práctico.

Estoy ciertamente seguro, por ejemplo, de que estoy casado con mi esposa… espera, no, eso es tan sólo una unión civil reconocida por las instituciones gubernamentales que ambos hemos acordado aceptar; de hecho, es probable que si me mudo de país no se reconozca dicha unión a menos que lo formalice con las instituciones de esos gobiernos.

Creo que ya empiezas a entender ¿no? Prácticamente todo lo que nosotros consideramos como cierto aparece como relativo en cuanto pasa por un escrutinio más riguroso. Pero entonces, ¿cuál es el problema real con la incertidumbre? Dejadme que comparta mi teoría y me decís si os encaja. He aprendido a través de la dolorosa experiencia personal que mi problema nunca tuvo que ver con la incertidumbre. No quiero decir que cuando nació mi segunda hija y perdí mi trabajo, o cuando recibí el diagnóstico de autismo para ambos hijos, que mi mundo no se puso patas arribas. Pero no era la certidumbre lo que había perdido (o eso descubrí años más tarde) porque en realidad nunca la tuve. Era el control. ¿Sabes a lo que me refiero? De acuerdo que aunque las cosas son relativas, para nosotros son reales y certeras en nuestras vidas. Vamos a trabajar, nos pagan con normalidad como habíamos acordado, los niños van al cole, y todo parece encajar en la agenda (más o menos). Estamos casi en control de lo que ocurre… excepto que no lo estamos. Algo como el COVID viene—o un diagnóstico—y nos tira todo por la borda. Lo que antes podíamos controlar, ya no podemos. No podemos salir a pasear al parque con nuestros niños, o comprar donde queramos, o reunirnos con nuestros seres queridos, etc. Lo gracioso de todo esto es que esas cosas nunca estuvieron en nuestro control. Y ahí es donde yace la clave para la gestión de la incertidumbre: la aceptación de la única cosa que está en nuestro control es nuestra voluntad. Nuestra decisión. Nuestro albedrío. Ahí es donde reside la verdadera libertad. Podemos decidir ser felices sin importar cualquier circunstancia que nos rodea.

Nunca dije que iba a ser fácil, sólo digo que es la única verdadera opción. ¡Inténtalo!

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