Nuestra realidad

«No vemos lo que vemos; vemos lo que somos»

Anais Nin

La realidad es la base sobre la que desarrollamos nuestras vidas. Hacerlo sobre cualquier otro tipo de cosa parecería cosa de locos o de gente que prefiere la ficción a lo real. Todos hemos convenido en que la “realidad” es la única cosa segura sobre la cual podríamos construir nuestras vidas sin peligro a cometer un error fatal. Solo hay que ver a las personas que sufren de enfermedades mentales para tomar conciencia de lo difícil y complicado que es vivir la vida en un mundo imaginario.

Por ese mismo motivo, cualquier argumento en contra de esta certeza, nos suele poner de los nervios. Plantear la realidad como algo no absoluto es difícil de procesar para nuestras mentes. Sin embargo, no hay que hacer nada extraordinario para comprobar que realmente es así. Pareciera que cada uno de nosotros tiene puestas una especie de “gafas” con una graduación muy particular, que nos hace ver las cosas un poco “diferente” a como lo ven otros. Continuando con el ejemplo de la semana pasada, podríamos preguntarnos porqué no aguanto a esa persona que acudió a la fiesta, cuando muchos de los presentes parecen no tener ningún tipo de problema con su presencia. Nuestra mente, siempre preparada y dispuesta para responder cualquier inquietud que se nos plantee, nos dirá que los demás no lo conocen como lo conocemos nosotros y que aunque haya logrado engañar a todos los demás, a mí no me engaña. Es un proceso natural. Porque nuestras mentes no están ahí para dar respuesta a nuestras preguntas sino para acabar radicalmente con todo aquello que me inquieta. Y siempre va a darme una respuesta que esté de acuerdo con mis conceptos mentales, pues de no ser así lo que provocaría sería más conflicto.

Lo que quiero decir es que nuestras mentes nunca nos van a dar una respuesta del tipo: “el problema es tuyo porque estás lleno de prejuicios hacia las personas que te rodean”. Si eso fuera así, mi mente sería la mayor fuente de dolor y conflicto dentro de mi vida. Ella está simplemente para dar respuestas más o menos agradables a los conflictos que se me presentan en la vida.

Pero si eso es así, no podemos tener la menor duda de que nuestra mente, más que analizar la realidad que se nos presenta, trata de endulzarla en lo posible para que no se convierta en motivo de conflicto para mí. Con el desarrollo de esta práctica, nuestra mente ha aprendido a no ver la realidad puramente como es, sino a “interpretarla” de una manera tal que al menos no me afecte demasiado. Todo eso nos lleva a la cita del inicio: “No vemos lo que vemos; vemos lo que somos”.

Así que la realidad no es absoluta para todos. Cada uno tenemos una versión modificada de ella. En muchas ocasiones esta modificación es casi irrelevante. Pero en otras, es diametralmente distinta del que tenemos al lado. ¿Cómo se explicaría sino que los tertulianos de la televisión puedan interpretar un mismo hecho de manera tan radicalmente diferente?

Esas pequeñas variaciones en la manera de ver las cosas es lo que provoca que entremos en conflicto con personas, ideas o situaciones que nos parecen incorrectas desde mi punto de vista. Y es ahí cuando se origina el conflicto emocional. Una opinión es un parecer, pero nunca una identidad. Pero nosotros la tratamos como tal y empezamos a tomarnos la diferencia de opinión como algo personal que menoscaba mi valía personal.

Pero eso es algo de lo que hablaremos la próxima semana.

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