Sentimientos y emociones

A pesar de ser una de las sensaciones más comunes que experimentamos a lo largo de nuestra vida, casi nadie se plantea la verdadera naturaleza y origen de los sentimientos y emociones. Sin embargo su influencia es tan poderosa que a menudo desearíamos no tener que experimentarlos. Nuestro estado anímico depende por completo de ellos y afecta igualmente de manera poderosa a nuestro estado físico.

Pareciera prudente entonces que a la hora de tratar de alcanzar una cierta estabilidad emocional, debamos replantearnos la naturaleza y sobre todo el origen de estas sensaciones pues de otra manera sería extraordinariamente dificultoso lograr cierto grado de control sobre ellos.

Y quizás éste sea el primer y mayor obstáculo con el que nos encontremos para enfrentar este reto. La idea de que los sentimientos van y vienen a su antojo; que aparecen y desaparecen sin control alguno, abandonándonos a una única salida: tratar de controlar la expresión de esos sentimientos o emociones manteniendo una insulsa  y eterna cara de poker ante las personas que nos rodean.

La inmensa mayoría de nosotros hemos alcanzado un nivel de destreza muy elevado (que en algunas ocasiones llega al verdadero virtuosismo) en impedir la expresión de estos sentimientos. Pero como dice el dicho, «la procesión va por dentro» y eso no evitará que más temprano que tarde, la presión por tanto tiempo retenida acabe por aparecer y probablemente de una manera completamente inadecuada y desagradable tanto para nosotros como para todos los que nos rodean.

Hemos llegado entonces a la falsa conclusión de que los sentimientos y emociones, a pesar de que no siempre son de carácter negativo, es un mal con el que todos tenemos que lidiar en la vida. Y llegados a este punto pareciera haber solamente un par de soluciones a este conflicto. El primero sería sobrecargar nuestras vidas de aparentes momentos de éxtasis por banales y momentáneos que sean. Lo importante es no pararse a pensar. Otros muchos, ya decepcionados de esa vía, se han decantado por el sendero del dejar de sentir nada por nada ni por nadie. ¡Qué vacío y tenebroso es el mundo por donde discurre ese oscuro sendero!

La solución está más a mano de lo que pudiéramos pensar. Pero lo que desconocemos sobre el asunto es tanto que no sabemos por dónde empezar.

Un sentimiento es la expresión física de un pensamiento. Cuando el sentimiento alcanza un nivel que nos motiva o empuja a hacer algo al respecto, se ha convertido en una emoción. 

Así de claro. Podré decirlo más alto pero no más claro. Y lo maravilloso de esta declaración es que deja abierta la puerta para la solución del conflicto emocional al aclararme que donde tengo que trabajar no es en el corazón, sino en mi mente.

Pero de eso hablaremos en el próximo post. Hasta la semana que viene.

Deja una respuesta