PROCESO A LA QUIETUD – 1. Dejar pasar el sentimiento

Empiezo a ser feliz…..

Una vez visto cómo se desarrolla el proceso del conflicto emocional, y que no es sino un reflejo o síntoma de un conflicto mental, podríamos empezar a ver cómo desarrollar el proceso que nos lleve a cierto grado de quietud mental. Quiero volver a insistir en esta idea: la quietud emocional sólo puede lograrse mediante la quietud mental. NO HAY OTRO MEDIO. Tratar de alcanzar cierto grado de serenidad emocional sin provocar un cambio en nuestra modo de pensar es un esfuerzo completamente inútil. Las numerosas técnicas y prácticas de relajación son sin duda un elemento eficaz para rebajar nuestra ansiedad y malestar. Pero son un arreglo temporal, en modo alguno podrá acabar con el conflicto que genera esos malos sentimientos. Sería como tratar de acabar con una hemorragia a base de aspirinas.

El primer proceso que tenemos que experimentar para conseguir la quietud es “dejar pasar el sentimiento”. ¿Qué significa esto? Ya hemos hablado de que un sentimiento es un reflejo físico de un conflicto mental. Los reflejos físicos suelen ser molestos y desagradables. Pongamos por ejemplo un dolor de estómago. La mayoría de nosotros se centra tanto en ese dolor y en buscar una manera de acabar con él que no solemos tomar conciencia de que ese dolor no es sino el reflejo de un conflicto físico presente en nuestro interior. Conflicto que puede ser el fruto de haber consumido algo en mal estado o peligroso para nuestro organismo que precisa ser expulsado para recuperar la salud. Pero nosotros, inconscientes de este proceso, sólo nos concentramos en tomar algo que disminuya el dolor que sufrimos, cuando ese dolor es precisamente el aviso orgánico que me está avisando de que hay un proceso conflictivo dentro de mí. En ese sentido, acallar el dolor lo único que provoca es “ocultar” la verdadera raiz del problema.

En el proceso emocional ocurre lo mismo. Concentrarse en el sentimiento, aumentando el deseo de que desaparezca y haciendo todo cuanto esté en nuestra mano para lograr erradicarlo, es el proceso mental al que llamamos “resistencia”. Esta “resistencia” lejos de rebajar la intensidad del sentimiento lo agranda, pues en ese proceso de atención le traspasamos más energía de la que originalmente tenía. Esta atención errónea que provoca el sentimiento funciona como una “cortina de humo” que nos impide concentrarnos en la verdadera raiz del problema, pues toda mi mente ya está distraída en ver cómo puedo acabar con el sentimiento lo antes posible y no en cual fue su verdadero origen.

¿Qué debemos hacer entonces? Sencillamente “dejar pasar el sentimiento”¿Y esto qué significa concretamente? Pues significa que lo “aceptamos”. Eso no significa ni que nos guste ni nos agrade. Simplemente reconocemos su existencia, su propósito e intensidad. Su derecho a estar ahí como advertencia de que hay un conflicto mental mayor. Pero al no prestarle más atención de la que precisa, le resto energía y poco a poco iré viendo cómo su intensidad va disminuyendo gradualmente hasta casi desaparecer, lo cual me permite recuperar algo de la estabilidad necesaria para tratar de alcanzar la quietud.

Nunca debemos confundir este proceso terapeutico de “dejar pasar el sentimiento” con ese otro muy común que muchas personas desarrolan del “pasar de todo” en un intento vano por dejar de sentir. La diferencia entre ambos es abismal. Mientras que en el segundo se evita tomar conciencia del sentimiento, en el primero uno toma conciencia plena del mismo y de su derecho a estar ahí cumpliendo su función. El segundo es un intento por desentenderse de los efectos negativos del sentimiento, mientras que en el primero el sentimiento se utiliza como herramienta guía para llevarme al conflicto mental que lo ha provocado. El segundo es sencillamente fruto del miedo. El primero, de la valiente decisión de erradicar el problema de raiz.

Este proceso, como cualquier otro, requiere de práctica para que acabe siendo eficaz en nuestras vidas. No estamos acostumbrados a lidiar con nuestros sentimientos. De hecho, como veremos más adelante, tenemos gran dificultad para identificar su naturaleza. Pero este primer paso es fundamental a la hora de iniciar el proceso de vuelta a la quietud interior. Sin aceptar nuestros sentimientos ni reconocer su naturaleza, entraremos en una batalla en la que estaremos destinados a la más humillante de las derrotas.

Continuaremos la próxima semana….

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