PROCESO A LA QUIETUD – 3. Corregir el pensamiento erróneo.

Hola a tod@s. Después de este parón obligatorio, os damos una cordial bienvenida de nuevo a nuestro blog. En nuestra última entrada estuvimos viendo el segundo proceso para alcanzar la quietud mental que precisamos para nuestro progreso. En esta entrada finalizaremos ese proceso con el último de sus pasos que no es otro sino la corrección de nuestros pensamientos.

De poco sirve hacer un diagnóstico sin que ello nos lleve a plantear un tratamiento para solventar la situación. El hecho de conocer el problema en modo alguno significa que el problema vaya a solucionarse. Sin embargo, han sido muchísimas las personas que han caído en la trampa de creer que por el hecho de conocer el origen de su conflicto, este desaparecería automáticamente. Imagino que esto se deberá en gran parte al falso concepto transmitido por películas y otros medios en los que la persona alcanza su felicidad al enfrentarse a un oscuro trauma escondido en lo más recóndito de su mente.

Vuelvo a reiterar lo falso de este concepto. Y tengo que hacerlo porque una y otra vez observo cómo muchas personas se quedan en ese segundo paso de identificar el pensamiento erróneo presente en su mente e ir dejando de lado este fundamental paso de proceder a corregirlo.

Cada pensamiento que tenemos constituye uno de los muchos ladrillos que conforman el edificio de nuestra personalidad. Desgraciadamente muchos de ellos han sido colocados de manera incorrecta y eso provoca la inestabilidad del edificio. Corregir esta peligrosa situación no sólo precisa de conocer dónde están esos ladrillos, sino que exige que sean retirados colocando en su lugar otros que aporten la estabilidad necesaria. Cada pensamiento erróneo que hayamos reconocido en nuestras mentes debe ser debidamente corregido para alcanzar la estabilidad emocional que buscamos. Lo maravilloso de todo este proceso es que, una vez corregido, no tendremos que volver a lidiar con ese mismo problema.

¿Cómo se corrige un pensamiento erróneo? Para ello tendré que hablaros sobre el concepto de «principios rectores«. Nuestra experiencia de vida personal ha introducido dentro de cada uno de nosotros una serie de «principios» que condicionan nuestra forma de ver el mundo. Algunos de ellos son muy evidentes, como los principios de «no debo matar» o «no debo robar», etc…. Pero algunos otros (de hecho la inmensa mayoría) no lo son tanto. Por ejemplo, si veo que una persona agrede a otra, ¿qué me mueve a intervenir o no en la situación? Mi mente, quizás de una manera inconsciente, tiene ya claro lo que debo hacer, y bajo ese principio hará que me comporte de una manera u otra. Uno NO decide qué hacer en el momento en que las cosas ocurren. Nuestra mente ha asumido una serie de principios según la experiencia que haya tenido que le sirve para valorar la actuación más correcta ante esta situación aunque sea completamente nueva para nosotros.

NO HAY OTRA MANERA DE LOGRAR CAMBIAR NUESTROS PENSAMIENTOS SIN IDENTIFICAR CUALES SON LOS PRINCIPIOS QUE GOBIERNAN NUESTRA MENTE. A esa clase de principios los llamamos «rectores» y son los que realmente gobiernan nuestras vidas pues son los que provocan el tipo de pensamientos que tenemos y que condicionan nuestra manera de comportarnos.

Por fortuna, contrariamente a lo que podríamos pensar, estos principios rectores son muy pocos. Apenas entre 3 a 5 principios fundamentales. Es cierto que después al igual que un árbol con sus ramas, se van manifestando de muchas y variadas formas. Por eso es que preocuparse de los muchos pensamientos que tenemos al cabo del día para tratar de corregirlos sería un esfuerzo inútil. Lo correcto es identificar cuál es el principio rector que lo origina y así tratar de hacer una corrección adecuada.

En nuestro programa de recuperación, los pasos que se encargan de identificar cuáles son esos principios rectores y su origen y naturaleza son el 4º y 5º pasos. Con ellos se da inicio al verdadero proceso de autoindagación que finalmente nos llevará a la obtener nuestra quietud emocional.

Volveremos sobre este importante asunto más adelante.

Ramón Braña

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